Y, hablando de supergrupos, menuda panda ha juntado Kurdt Vanderhoof para el nuevo álbum de Metal Church. Si esto no es un supergrupo que venga el Dios del metal y lo vea. La pena es que, cuando parecía que Metal Church se empezaban a consolidar otra vez con Mike Howe al frente, el fallecimiento del pequeño gran vocalista volvió a sacudir los cimientos de la Iglesia. Kurdt Vanderhoof consiguió apañárselas entonces para mantener unida la misma formación con un casi anónimo Marc Lopes como sustituto y dar sensación de continuidad. Sin embargo, la cosa no ha durado mucho y el año pasado se anunciaban las resignaciones de Stet Howland, Steve Unger (que han montado unos lamentables N.Y.C. con Tommy Bolan de Warlock) y el reciente fichaje, que no ha conseguido dejar precisamente una huella imborrable en nuestra memoria... ¿Marc qué? Y he aquí el golpe de efecto de Kurdt, que ha tirado de contactos y ha alistado nada menos que a Ken Mary y Dave Ellefson, dos tipos por los que siento un inmenso respeto musical, y un algo menos conocido Brian Allen que algunos recordaremos de su estancia en Vicious Rumors hace algo más de una década.
Con esta maniobra, Kurdt Vanderhoof ha conseguido recobrar cierta expectación hacia una banda que, personalmente, daba un poco por amortizada tras la muerte de Howe. La demostración más clara es que, así como pasé olímpicamente de “Congregation of Annihilation" tras un par de escuchas bastante insatisfactorias, tuve muy claro desde el primer momento que no quería dejar pasar la oportunidad de hincarle el diente con calma a este “Dead to Rights"... y aquí me tenéis ahora.
Con la confianza ciega que tenía en el buen hacer de Ken Mary y David Ellefson, que no me han decepcionado en ningún momento, el asunto más controvertido era el del nuevo vocalista. Lo que recordaba de mis contactos en su día con Vicious Rumors no era nada malo, si bien poco memorable. En aquellos “Razorback Killers" y “Electric Punishment", Allen acompañaba de manera apropiada las robustas composiciones de Geoff Thorpe, aunque tampoco conseguía ir mucho más allá del típico sucedáneo de “Ripper" Owens que nos encontramos de tanto en cuanto en el power metal yankee desde la salida de “Jugulator”. Quince años después, sigue siendo el mismo vocalista, capaz de modular su voz hasta conseguir a ratos una más que digna imitación de David Wayne, pero alguien que tampoco deja su propia identidad bien marcada, limitado a poco más que sonar “a otros”. Mejora, sin demasiado esfuerzo, el trabajo del, para mí, ordinario (en el peor de los sentidos) Marc Lopes en “Congregation of Annihilation", pero lo sigo notando con dificultades para calzarse las botas de un Mike Howe que le vienen grandes. Aquí veo yo la diferencia entre un vocalista extraordinario y otro sin personalidad propia. Ambos son capaces sacar el trabajo adelante, no lo dudo, pero, mientras a uno lo reconocemos a la primera palabra y te engancha con cada una de sus líneas vocales, el otro no suena diferente de cualquiera empuñando el micro. Aquí podrían haber estado Sean Peck, Wade Black, Ronny Munroe, Stu Block o cualquiera de estos berreadores americanos sin categoría y habrían dado el pego como lo hace este buen hombre. Mike Howe era un fuera de serie y Brian Allen no es más que un cantante que parece fabricado en serie. Con esto presente, diré que consigue salir bastante bien parado de esta difícil tarea y tampoco puedo decir que sea como para echarlo a los leones... algo que sí hice con el mediocre Marc "nosequé" en su momento.
Aún así, a fuerza de darle oportunidades, he acabado por cogerle el punto a un álbum que, de entrada, me sonó discretito. “F.A.F.O" (“Fuck Around, You'll Find Out”), que fue la primera que filtraron hace casi seis meses y en su día no me pareció gran cosa, me ha acabado gustando con su ritmo frenético y esa resultona imitación de David Wayne que consigue Allen aportando cierta familiaridad. Vanderhoof está inmenso en los riffs, Ellefson marca con claridad su sello y Ken Mary impulsa la canción a otro nivel con su incansable despliegue... lo que hace un buen batería, vamos. Tengo que reconocer, que el arranque del álbum tiene mucha fuerza con la también cañera “Brainwash Game" y la contundente “Dead to Rights". Dos canciones entretenidas que dejan bastante espacio libre para el lucimiento de los nuevos fichajes y demuestran que Kurdt Vanderhoof sigue siendo una máquina a la hora de despachar riffs memorables, no tanto en los solos, que son bastante olvidables.
El primer bajón lo noto con una monótona y repetitiva “Deep Cover Shakedown", que en sólo 4 minutos da sensación de alargarse más de lo necesario. Afortunadamente, amortiguan la caída al seguirla con el plato fuerte del álbum, en mi opinión, “Feet to the Fire", un trallazo épico en la línea de “Beyond the Black" en el que incluso llego a pensar que Brian Allen empieza a sonar a sí mismo. Realmente un temazo de power metal americano con una exquisita parte lenta en su tramo central y, sin duda alguna, lo mejor que tiene para ofrecernos este "Dead to Rights".
Ojalá pudiera decir lo mismo de la segunda mitad del álbum, pero tengo una sensación de cara B algo genérica en la que me cuesta recordar mucho más allá de la escucha del álbum... que, siendo sinceros, es algo que ya le pasaba un poco a Metal Church incluso en sus clásicos de los 80. Si os hablo de “Metal Church", “Beyond the Black” o “Gods of Wrath", todos sabemos de qué va la historia y hasta nos tiemblan las piernas, pero... ¿ocurre lo mismo cuando menciono “In the Blood”, “(My Favourite) Nightmare" o “Battalions"? No me entendáis mal, Metal Church consiguen mantener el pulso en unas intensas “The Show", “Heaven Knows (Slip Away)”, “No Memory", “Wasted Time" y “My Wrath", pero siento que se van desinflando conforme avanzan y las veo más preocupadas por marcar músculo que de emocionar con pegadizas líneas vocales y guitarrazos que se graben en nuestra memoria. A esto contribuye una producción que, otra vez, parece facturada en serie. Ruidosa, compacta, comprimida, sin alma... exactamente lo mismo que encontramos en tantos y tantos álbumes grabados en estos últimos 25 años desde que Andy Sneap fijara los cánones sonoros del heavy metal moderno. Mira que me sorprendió en su día el sonido de un “Violent Revolution" y años después aún pensaba que trabajos como “Endgame" o “Blood of the Nations" atronaban... después de todos estos años, estoy hasta los cojones de producciones estériles y estandarizadas. Baterías ultradisparadas, distorsiones exageradas, volúmenes ensordecedores... si es que cada vez que escucho un álbum que suena “raro”, hasta me llevo una alegría. Y con raro no quiero decir nada más que “diferente". Afortunadamente, cada día hay más que se apartan de esta tendencia dominante del metal mainstream, sobre todo si miramos hacia el underground, pero “Dead to Rights" no va a ser una de estas agradables excepciones.
Aún con sus defectos, al final he de reconocer que me ha hecho pasar un buen rato con su power/thrash moderno y tradicional a un tiempo. Obviamente, no es comparable con ninguno de los cinco primeros álbumes de la banda y sigo pensando que, con Mike Howe, algo se ha muerto en Metal Church, pero podría haber sido mucho peor. Tiene una primera mitad muy pintona y, a ratos, es capaz de pegarnos una buena patada en el culo, cosa que no pueden decir muchos colegas de generación. No va para disco del año, pero tampoco está nada mal. Al menos, me ha parecido bastante más entretenido que “Congregation of Annihilation", aunque se ve que soy de los pocos que lo piensa teniendo en cuenta las reseñas que le habían hecho a aquel por ahí en adelante... a mí me ha gustado más “Dead to Rights", la verdad.
7/10

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