Tras un año que, a la postre, resultó bastante flojito (a pesar de contar con dos de mis predilectos de aquella década), 2004 ha demostrado tener mucho donde elegir y con bastante variedad... 2003 casi fue un monográfico black metal. Yo seguía metido de lleno en la música del maligno y la mayoría de mis elecciones así lo reflejan. Sin embargo, parece que quieren asomar por ahí tímidamente dos escenas que iban a experimentar un revival en años venideros, el heavy y el death metal. Lo que me queda claro es que, en términos generales, 2004 fue un de buen año de metal, con algún álbum de verdadero mérito que no merece caer en el olvido después de todo este tiempo.
1. Nehëmah - Requiem Tenebrae (Oaken Shield)
Estos franchutes debutaron en 2002 con un CD que pasó muy desapercibido salvo para aquellos que conocíamos su sello, Oaken Shield, una filial de un sello ya bastante pequeño, Adipocere Records, y con una distribución infame. En nuestro caso, la casualidad quiso que Dani del Bloody ‘zine intercambiara material con ellos frecuentemente y así nos acabaron llegando sus ediciones, la inmensa mayoría con poco que decir. Entre ellas apareció Nehëmah, una banda que, de haber tenido algo más de promoción, podría haber llegado bastante más lejos, pero que nunca se lo montó muy bien. Es más, cuando sacaron este cojonudísimo álbum de puro black metal “a la noruega", se los tragó la tierra y dejaron de hacer ediciones, con lo que toda posibilidad de consolidación se fue por la alcantarilla. Si mal no recuerdo, tras salir esto a la calle, incluso anunciaron su fichaje por la italiana Avantgarde Music, que tampoco es que fuera Metal Blade, pero significaba un claro paso adelante para ellos. La evolución era lógica y la banda tenía cierta proyección, pero nadie sabe qué coño les pasó. Lo más curioso es que siguieron existiendo hasta 2015, pero poco hacían más que dar algún concierto esporádico y reciclar material de archivo. “Requiem Tenebrae" me sigue pareciendo un discazo de black metal canónico. Poco original, sí, pero inapelable en su estilo... cuando haces algo tan rematadamente bien, la originalidad pasa a un segundo plano y aquí estos alpinos se marcaron un señor LP de black metal. A ratos con la fiereza de Immortal, otras veces con la crudeza de Darkthrone y, por momentos, con la atmósfera de Satyricon o Burzum. Como veis, el abc del black noruego, pero para qué queréis más. Si os gusta el black metal del período 93-96, no busquéis más lejos... también hay que tener en cuenta que el origen de estos tíos se remonta a 1992 (su primera demo es del 95) y yo creo que se nota.
2. Nyktalgia - Nyktalgia (No Colours Records)
Otra banda de existencia efímera que acabó pasando un poco sin pena ni gloria, aunque en medio de la vorágine depresiva, no dejaron de tener cierta notoriedad. La gran diferencia que encontraba entre estos y las “bandas de dormitorio", es que Nyktalgia eran una formación en condiciones, con músicos de cierto nivel técnico, que apostaba por grabaciones de calidad que no pudieran ocultar sus limitaciones. De este álbum epónimo una cosa que siempre he destacado es su sonido, atmosférico, crudo y orgánico, pero grabado con un mimo que permite disfrutar de cada melodía, cada arreglo y cada detalle a la perfección. Sí, Nyktalgia eran una banda de black metal depresivo que cumplía con cierta fidelidad muchos de los tópicos del género: voces agónicas, estética suicida (la portada es realmente terrible), arpegios desgarradores... pero eran una banda bien armada que se elevaba con comodidad por encima de la inmensa mayoría de la escena “depre” que tan de moda se puso a mediados de los 2000, quitando quizás a Shining y a los Forgotten Tomb de “Springtime Depression". Musicalmente siempre los he visto como algo a medio camino entre Burzum (en su proyecto paralelo, Sterbend, se les veía aún más el plumero) y los mejores Nargaroth de “Herbstleyd" y de “Rasluka pt. 2". Es decir, black metal depresivo, atmosférico y doloroso como pocos, que hacía mucho énfasis en la parte black, con enorme gusto por la melodía y frecuentes arranques de velocidad que no resultaban tan habituales en la mayoría de sus congéneres... y lo que os decía, sin un sonido de mierda. De nuevo, la pena de esta historia fue que los tíos se durmieron en los laureles y les llevó cuatro añazos editar un sucesor que, aún así, tampoco fue capaz de capturar la esencia de este debut... sin estar para nada mal. Desde aquello, los hemos visto con cierta frecuencia en bandas como Hinsidig, Heimdalls Wacht, Crypts, Venenum, Pestnebel o Krieg, pero, sinceramente, creo que nunca más a este nivel.
3. Pest - Daudafærd (No Colours Records)
Pest fue una banda que escuché bastante durante los 2000, aunque tampoco es que aportaran ninguna novedad respecto al black metal darkthroniano de toda la vida... vamos, que eran más simples que el palo de una escoba. Por eso mismo este “Daudafærd” (“La vida es un viaje de muerte") fue un álbum tan sorprendente y especial al que todavía vuelvo con cierta frecuencia, cosa que no puedo decir de “Desecration" e “In Total Contempt". Del black metal crudo y básico por el que les conocíamos, el dúo sueco se descolgaba, sin avisar, con un EP de 20 minutos en el que desarrollaban un único tema de un black metal oscuro y épico con tono depresivos, ortodoxos y paganos. Algo que venía estando un poco más de moda de aquella que su habitual híbrido Bathory/Darkthrone, pero que, al final del día, acabó resultando mucho más sugerente y el motivo por el que realmente merecen ser recordados. Repentinamente, la producción mejoró una barbaridad, con un sonido de guitarras más corpulento, una batería contundente y muchísima más profundidad de la que les habíamos habíamos escuchado nunca. Una banda que hasta ahora no había sido capaz de ofrecer más que un plagio bastante impersonal del black más crudo de la segunda ola, mostraba un talento inédito para desarrollar composiciones complejas, melódicas y emotivas, en las que se conectaban con bandas como Burzum, Arckanum o unos muchos más próximos en el tiempo Armagedda, que aparecen también más abajo. Por desgracia, aquí se quedó la cosa y nunca más volvieron a intentarlo. Un año después volvían a su sonido característico y ahí siguen, acercándose cada vez más al heavy metal como sus admirados Darkthrone. Ojalá esto no se hubiera quedado en anécdota o, mejor todavía, hubiese dado lugar a un proyecto para desarrollar en paralelo bajo otra identidad... Daudafærd, mismamente.
4. My Dying Bride - Songs of Darkness, Words of Light (Peaceville Records)
Igual que sus colegas de generación, My Dying Bride tuvieron su desliz comercial gótico-electrónico a finales de los 90, pero al contrario que ellos, los del Condado de York rectificaron el rumbo en apenas un año... A Paradise Lost les llevó toda una década y de Anathema nunca más volvimos a saber. Con esto, “The Light at the End of the World" inauguró una segunda juventud para My Dying Bride que poco tiene que envidiar a sus álbumes de principios de los 90 y, según se mire, hasta los puede llegar a superar. De todos ellos, creo que este “Songs of Darkness, Words of Light" es mi favorito de aquellos años, lo que lo convierte en un duro contendiente a mejor álbum de su carrera o, como mínimo, en uno de los más sólidos. De principio a fin, es un álbum sin mácula, desde el arranque desgarrador de “The Wreckage of My Flesh" hasta el sombrío final de “A Doomed Lover", pasando por cortes que ya se han convertido en referentes modernos para la banda como “Catherine Blake", “My Wine in Silence”, “The Prize of Beauty" o “The Blue Lotus". Una hora del mejor doom/death británico que se ha grabado después de los años 90 y con una de las mejores producciones de Mags en sus míticos Academy Studios. No se me ocurre un defecto salvo por una una portada tan espantosa (obra de un tal Andy Green) que no podría ni haber sido perpetrada por la IA de Elon Musk... Si conseguimos olvidarnos de ella, este bien podría ser uno de los mejores discos de doom que han salido en los últimos 25 años.
5. Blodsrit - Helveteshymner (Oaken Shield)
Este era el otro álbum de Oaken Shield al que me refería hablando de Nehëmah en el top del 2003... Es curioso lo que hace a veces una buena producción. Blodsrit eran una banda sueca bastante montonera con un par de álbumes sin nada especial hasta que se metieron en los Soundlab del tristemente fallecido Mieszko Talarczyk en marzo de 2004 y salieron con este pepinazo de black metal. Lo que antes carecía de fuerza, gancho y atmósfera, ahora atruena. “Helveteshymner" es toda una tormenta de ira y belleza, un álbum que hace gala de un delicadísimo equilibrio entre su gélida atmósfera, su violencia incendiaria y un refinado gusto melódico que lo hace algo realmente único y uno de los mejores álbumes del black metal sueco posterior a los 90. Uno de esos trabajos que pasó muy desapercibido, en parte por el bajo perfil de una banda que hasta entonces no había grabado nada digno de elogio, en parte por haber caído en un sello que tampoco hizo mucho para moverlos. Esa tremenda producción del de Nasum, le aportaba un nervio que es raro encontrar en un álbum de black metal. Literalmente, “Helveteshymner” abrasa con una distorsión de guitarras que no siento muy lejos del viejo sonido Sunlight, pero resulta aún más dañina, lacerante y despiadada. La batería es aplastante y la voz Naahz, desgarradora. Su portada con ese paisaje nevado y un reguero de sangre que lleva hasta la puerta de esa bonita stavkirke me ha parecido siempre muy representativa de ese mundo de contrastes que escuchamos en “Helveteshymner”, bello y terrible a un tiempo.
6. Wolf - Evil Star (No Fashion Records)
En una época en la que casi nos habíamos olvidado del heavy metal de verdad, no esa mierdufla "melopower" con la con nos castigaban desde Finlandia e Italia, Wolf llegaron para poner las cosas en su sitio y, de paso, para anunciar lo que estaba por llegar. No fueron los únicos y conviene recordar en este momento a Twisted Tower Dire y The Lord Weird Slough Feg desde EEUU también como pioneros de lo que sería la NWOTHM, pero creo que Wolf fueron los que gritaron más alto y con más fuerza. Además de tener el nombre que mejor sonaba, poco original, pero es que los otros dos... Lo complicado para Wolf fue consolidarse en medio de una escena dominada por bandas góticas y "flowerpower" con algo que llevaba sin estar de moda más de una década. Tampoco se comieron demasiado la cabeza, no os vayáis a creer. Metieron en una cóctelera a los Iron Maiden de “Powerslave", a los Judas Priest de “Screaming for Vengeance" y a los Mercyful Fate de “Don't Break the Oath", con un sonido actualizado, y tiraron para adelante. Si es que no hacía falta mucho más, pero buena parte de la humanidad se había olvidado de cuánto molaba el heavy metal. Ellos no y le señalaron el camino a toda una hornada de chavales que empezaron a montar bandas de heavy metal de ahí a un par de años, especialmente en su país... algo tendrían ellos que ver.
7. Bloodbath - Nightmares Made Flesh (Century Media Records)
Durante mucho tiempo me convencí de que me gustaba menos este álbum que el anterior, quizás porque el sonido podre de “Resurrection through Carnage” pega más conmigo, pero los años no han hecho más que demostrarme que, objetivamente, “Nightmares Made Flesh” está bastante más currado. Ya otra cosa es que nos guste más el rollo old school del debut o esta versión algo más técnica y brutal que, esta vez sí, evidenciaba una deuda bastante grande con el death metal americano. El planteamiento seguía siendo más o menos el mismo, aunar en una sola propuesta musical las tres escenas dominantes del death metal de principios de los 90: Suecia, Inglaterra y EEUU. Para conseguir esta meta de forma efectiva, el primer paso era realizar un ajuste en la formación y Dan Swanö, que no es precisamente un batería consumado, dejaba paso a un Martin Axenrot (Nifelheim, Satanic Slaughter, Witchery) infinitamente más solvente y se concentraba en las guitarras junto a Anders Nyström. La primera consecuencia era inevitable, por un lado, las baterías ganaban en velocidad y complejidad, mientras que el riffeo y las solistas se hacían mucho más técnicas y precisas. El otro cambio era forzado ya que Mikael Akerfeldt, muy liado con sus Opeth y a punto de saltar a Roadrunner en aquel momento, tenía que dejar temporalmente el puesto a un Peter Tägtren que, si bien provocó en mi cierto escepticismo inicial, me convenció con una participación más que adecuada... a ver, que tampoco nos vamos a volver locos, con gruñir medianamente bien ya llegaba. Si no estoy mal informado, Tägtren no duró más de un año en la banda y no llegó ni a tocar en directo, pero lo más importante de todo es que no metió la mano en la grabación, que fue cosa de resto de la banda junto a Jens Bogren, con lo que no fue capaz de joder nada y “Nightmares Made Flesh" suena como un tiro. Si buscáis un buen ejemplo de cómo hacer death metal old school sin sonar a copia impersonal, no creo que podáis encontrar uno mejor que este.
8. Armagedda - Ond Spiritism (Agonia Records)
Armagedda fueron otros que pegaron un giro considerable en este 2004. Como Pest, arrancaban poco antes con un black metal básico de escasa pretensión artística en el que no hacían mucho más que imitar a Darkthrone y Bathory... como cualquier hijo de vecino por aquellas tierras del norte. “The Final War Approaching" me llegó a través de una copia promocional y no me pareció gran cosa, pero con “Only True Believers" fueron afinando el tiro y finalmente se acercaron mucho a la diana con este “discretamente” titulado “Ond Spiritism: Djæfvvlens Skalder Anno Serpenti XXIV" (“Espiritismo maligno: el poeta del diablo...”). Lo de "Ond Spiritism" (me permitireis ahorrarme el aparatoso subtítulo) es un black metal, llamémosle ortodoxo, de morro fino, en el que desaparecen casi por completo las influencias de Darkthrone y compañía para dar paso a... pues la verdad es que no lo tengo muy claro. Es black metal, no me cabe duda y tampoco es que estemos ante algo particularmente raro, pero también es cierto que consigue no sonarme a nada en concreto, lo que no es nada negativo. Escucho cositas de Mayhem, ramalazos que me siguen sonando un poco a Satyricon y un punto ritual que me puede recordar a Arckanum, pero no os creáis que es nada evidente en ninguno de los casos. La estupenda producción de Necromorbus, que se encarga también de la batería, parece que me que trae a los primeros Aeternus a la memoria por ese sonido de guitarras tan masivo y también escucho algo del dramatismo de Kvarforth y sus Shining en el tratamiento de las voces, hecho que se refuerza con las letras escritas íntegramente en sueco. En definitiva, un álbum de black metal muy oscuro, personal y, a ratos, inquietante, que tardó demasiado en tener respuesta ya que a Andreas Petterson le llevó nada menos que 16 años prepararle un sucesor, pero que merecía haber dado algo más de sí en su momento. De nuevo, otra banda que saca su mejor trabajo y desaparece y una demostración clara de que, en los 2000, el mejor black metal vino desde Suecia.
9. Drudkh - Autumn Aurora (Supernal Music)
Si no fuese por la abominable “Sunwheel", “Autumn Aurora" estaría mucho más arriba. En muchos sentidos, supongo que este segundo álbum de Drudkh supera a “Forgotten Legends", pero a mí nunca me ha llegado a gustar tanto como el debut y creo que la razón fundamental es ese lunar que plantaron ahí en medio que no deja de recordarnos que Drudkh, además de ucranianos, son un poquito nazis. Si obviamos ese detalle, supongo que “Autumn Aurora" es un álbum que demuestra crecimiento en todos los sentidos. La producción ha mejorado, las melodías están más trabajadas, las estructuras resultan más variadas y, en términos generales, emociona más, o al menos es lo que busca... simplemente, a mí me llega un poquito menos que “Forgotten Legends". Con todo, estamos ante uno de los álbumes clave del black metal atmosférico en el nuevo milenio, uno de esos que ha dejado legiones de seguidores e imitadores por todo el mundo y cimentó la leyenda de una banda que sigue al frente de su escena sin que se pueda discutir su autoridad 22 años después. Un poquito menos blackmetalero y más doom, “Autumn Aurora" es un trabajo, como su propio título sugiere, otoñal, crepuscular, nostálgico, emotivo y melancólico. No creo que nadie haya conseguido dar respuesta de forma tan efectiva al reto lanzado por Varg Vikernes en “Filosofem" y al mismo tiempo conseguir hacerlo de una forma tan íntima y personal, marcando a las mil maravillas su identidad eslava e impregnando cada composición de una belleza abrumadora... Bueno, repito, quitando “Sunwheel", que me parece un puto horror. ¿No me digáis que “Glare of Autumn" no es realmente para llorar? Maravilloso álbum con un único, gran, defecto.
10. Dismember - Where Ironcrosses Grow (Karmageddon Media)
Me gustan Dismember desde el puto primer día en que me crucé el videoclip de “Casket Garden" en el Headbanger’s Ball cuando tenía 15 años, aunque tengo que reconocer que iban perdiendo fuelle conforme avanzaban los 90. Así, tras un paréntesis de cuatro años desde un perezosillo “Hate Campaign", volvieron a ponerse a la cabeza del death metal europeo con “Where Ironcrosses Grow". El death metal sueco no pasaba su mejor momento a finales de los 90, pero parece que mostraba pequeños síntomas de recuperacion con Entombed desde su “Uprising” del 2000 y unos Bloodbath habían provocado bastante revuelo con “Resurrection through Carnage" un par de años más tarde. Grave nos aburrían un poco con una tanda de álbumes pasables aunque anodinos y Unleashed seguían a su bola, sin desfallecer, pero sin emocionar. Lo mejor lo encontrábamos más abajo con Vomitory, los “suecos de Bavaria” Fleshcrawl y los casi desconocidos Chaosbreed, con gente de Amorphis, Sentenced y Moonsorrow, que hicieron otro respetuoso guiño a este sonido desde Finlandia. Por fin liberados de un tortuoso proceso con Nuclear Blast (en los 2000 rajaban a gusto del sello alemán y ahora han vuelto a firmar con ellos, lo que son las cosas), con Rickard Cabeza de vuelta y con Dan Seagrave de nuevo a los pinceles, Dismember demostraron volver con fuerza en este “Where Ironcrosses Grow" después de cuatro años sin material. Rápidos, violentos y melódicos, teníamos de vuelta a los Dismember más hambrientos desde “Indecent and Obscene" haciendo su personal homenaje a Autopsy y Iron Maiden desde la perspectiva del sonido Sunlight... aunque ya no grabaran en los Sunlight. No se me ocurre mejor manera de describir este álbum. Death metal clasicote, con mucha tralla, en plan Dismember, claro, y armonías heavymetaleras. Es decir, algo ideal para los que nos gusta un poco de estopa de la vieja escuela, pero agradecemos un puntito de melodía, sin caer en los manierismos del melodeath con el que se les relacionó de “Massive Killing Capacity" en adelante. “Where Ironcrosses Grow” sirvió de combinación perfecta de todas las facetas que habían mostrado Dismember desde “Like an Everflowing Stream” y después de todos estos años, tengo bastante claro que jugó un papel tan relevante en el resurgir del death metal sueco a finales de los 2000 como poco antes había hecho “Violent Revolution" con el thrash metal.
Y, si digo que ha sido un buen año, es porque aún hay más chicha... ¿que me he dejado fuera? Pues no poca cosa. Por si esto fuera poco, también algunos clásicos dejaron historias más que dignas (Megadeth, Saxon, Dio, Dokken, Exodus, W.A.S.P.), el death metal, como decía por ahí arriba, volvía a asomar la cabecita (Fleshcrawl, Suffocation, Chaosbreed, Incantation...) y, sobre todo, seguía yo seguía escuchando mucho black metal: Inquisition, Eternity, Deathspell Omega, Frozen Shadows, Tsjuder, Nachtmystium, Argar, Velvet Cacoon, Krohm, Deathspell Omega, Nargaroth, Thy Winter Kingdom, Ragnarok, Mayhem, Numen, Angantyr, Darkened Nocturnal Slaughtercult, Xasthur, Lunar Aurora, Baptism, Marduk, Clandestine Blaze, Leviathan... Incluso habría que hablar algo de doom más allá de My Dying Bride con Morgion y Officium Triste... Nada mal, ¿verdad?











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