Llama la atención que, si bien hoy en día la escena danesa es la mas floja entre los países nórdicos, por mucho que el black metal esté repuntando por allí en los últimos años, no fuera así en los 80. Dejando a un lado a Suecia, que comía aparte, es en Dinamarca donde encontramos más y mejor heavy metal en los 80 y eso sin contar a Mercyful Fate, King Diamond y Pretty Maids. Muestra evidente de lo importante que es tener un catalizador en condiciones, algo que no existió en Finlandia y en Noruega. La eclosión del fenómeno TNT en EEUU bien pudo haber servido de disparador en su país de origen, pero no fue así y, hasta la aparición de cuatro “locos” con la cara pintada a finales de la década, no hubo realmente una escena en condiciones por aquellas tierras. Así las cosas, esto es lo que dio de sí el heavy metal en el resto de los países nórdicos durante los años 80...
Dinamarca:
- Witch Cross (Copenhague, 1982)
Witch Cross tenían una carrera muy prometedora ante sí, pero en la típica tradición de la época, publicaron su solitario “Fit for Fight" con Roadrunner Records en 1984, no consiguieron aguantar el tirón y, para el 86, tras un par de demos más, ya eran historia. Hasta aquí me trajeron Mercyful Fate o, más concretamente, su productor de los 80, Henrik Lund. A pesar de que ya llevaban en activo desde 1979 como Blood Eagle y ya habían sacado hasta tres demos y un single, creo que fueron de los claramente beneficiados por la explosión de Mercyful Fate ya que debutaban sólo un año después, con el mismo sello, grabando en el mismo estudio y con el mismo productor... dudo que fuera mera casualidad. Musicalmente, los noto algo más cerca de la NWOBHM que de los de King Diamond y su sonido me parece muy asimilable a lo que venían haciendo Angel Witch, Tokyo Blade o Satan de aquella, aunque no dejo de verles un airecillo ocasional a Mercyful Fate, particularmente en la forma de tocar la batería de Anders Christian Hjort, muy influenciada, creo yo, por Kim Ruzz. Muy bien también la pareja guitarrera formada por Michael Wlad (Michael Koch) y Cole Hamilton (Ole Hamilton Pulsen), también en la noble tradición Denner/Shermann, y un Alex Savage (Alex Nyborg Madsen) que me suena clavadito a Niklas Stålvind de Wolf y que puede chirriar un poquito de entrada, pero tiene mucha personalidad. A mí, personalmente, no me molesta mucho y creo que insufla una energía contagiosa en esas irresistibles “Nightflight to Tokyo", “Face of a Clown", “Fight the Fire" o “Alien Savage". Me reconozco fan de este “Fit for Fight" desde el día que supe de su existencia y no dejo de lamentar que no tuviera un sucesor hasta casi 30 años más tarde.
- L.A. (Vejle, 1982)
Estoy esta temporada leyendo la autobiografía de Bruce Dickinson, “What Does this Button Do?", y no hace más que confirmarme que el secreto del éxito implica tener talento, sí, pero tanto o más importante es tener una visión clara y la firme determinación de llevarla a cabo. Os dije algo similar a raíz de Keen Hue en el segundo reportaje del heavy metal sueco, presentar tu música en un formato abiertamente poco atractivo, en este caso con el nombre más genérico de la tierra y editar un álbum homónimo en 1985, es de género bobo. Según parece, esto de L.A. era un acrónimo de Lost Angels, pero, no me jodas, anda que no habría sido bastante más acertado llamarse así. Ya puedes ser los putos Judas Priest, que plantando eso en la portada vas a condenar a tu banda al anonimato eterno. Y, ¿sabéis qué? No hay otros Lost Angels en metal-archives, así que no ha habido desde entonces una banda de heavy metal con el mismo nombre, con lo que ocultaron algo medianamente original con la mierda más genérica que os podaís echar a la cara... os reto a buscar información sobre ellos en Internet, toda una odisea. Yo qué sé, igual pensaron que era un guiño al mercado yankee, no puedo imaginarme las estupideces que se le ocurre a alguno de vez en cuando. Y, ¿sabéis qué más? Su debut de 1985 no está nada mal. A ver, siendo honestos, no creo que llegaran muy lejos igualmente, pero se trata de un heavy metal bastante válido para su año de edición. Suena a la moda de su época, no está anclado en el pasado, son técnicamente capaces y tiene una producción bastante digna. Pero, si ya partes con el hándicap geográfico y encima te das a conocer como L.A., apaga y vámonos. ¿Sabéis otra cosa curiosa? Por aquí anduvo en algún momento Ronnie Atkins de Pretty Maids, aunque, obviamente, no duró mucho porque estaba destinado a mayores glorias. Tenían medio listo un segundo álbum para 1986, pero se separaron y no salió definitivamente hasta 2004.
- Evil (Copenhague, 1983)
Otros con fuertes conexiones con Mercyful Fate, lo que ya parece evidente por su nombre y el título de su solitario EP de 1984, hasta el punto de que corren rumores, totalmente infundados, de que el mismísimo Kim Bendix Pedersen tocó con ellos. Nada más lejos de la realidad, pero hacer asociaciones teniendo en cuenta el nombre de la banda, título del tema de apertura de “Melissa", la temática ocultista y el propio sello de edición de “Evil’s Message", Rave-On Records, el mismo que el del homónimo de Mercyful Fate dos años antes, resulta totalmente inevitable. Ahora, la diferencias, que las hay, no os vayáis a creer. Evil son una banda mucho más estándar, con algo a medio camino entre la NWOBHM y el incipiente power metal de mediados de los 80, más lineal, directa y, obviamente, menos arriesgada... peor, por tanto. A mí me suenan a algo así como un cruce entre Battleaxe y los primeros Helloween o Pretty Maids, con esa combinación entre actitud de bar de carretera y frenesí melódico. Ritmos trepidantes, riffs de guitarra macarrillas y muy buena producción, sorprendente para la modestia del lanzamiento. Cálida, potente, natural, no la esperaría viniendo de una “mierda” de banda danesa que no llegó ni a editar un miserable LP. En su contra, la voz de un Pearl Angel (Per Hansen) que habla más de lo que canta. Suena como un James Hetfield con problemas de afonía y lo veo más para la típica banda thrash yankee de medio pelo, que para una banda de heavy metal de principios de los 80. Tampoco desagrada, pero no llega a aportar valor añadido en ningún momento y se limita a recitar las letras sin demasiado entusiasmo. Aquí la clave está en el incansable riffeo de Kim Xmas (Kim Jul, nada que ver con Bendix, por supuesto) y Pete Hurricane (Peter Larsen), que recogen la mejor tradición de unos Diamond Head o unos Saxon y la llevan a un nuevo nivel de potencia poniéndose en paralelo a lo que intentaban las primeras bandas de thrash hacia el 83-84. De nuevo, banda superválida, de futuro prometedor, que desapareció apenas un par de años después de su formación y no dio nuevas señales de vida hasta 2009 animados por el revisionismo del nuevo milenio. Solo es un EP, pero merece la pena.
- Maltese Falcon (Copenhague, 1983)
Pequeña y efímera banda danesa de la que nos habló hace un tiempo nuestro antiguo colaborador LostLife, aunque lamento profundamente el tono en el que lo hizo. Cierto es que su único “Metal Rush" de 1984 es, en ocasiones, de una tosquedad hasta cierto punto grosera y que esto supuestamente motivó el enfoque de sus palabras... yo creo que hay expresiones que no se justifican de ninguna manera, pero no voy a ser yo el que le diga a los demás cómo deben manifestarse... Corramos un tupido velo. Maltese Falcon, además de por su curioso nombre, obviamente inspirado en el clásico de Humphrey Bogart, son especialmente conocidos por ser el primer hogar de Hal Patino, quien, cómo no, pronto pasaría a formar parte, primero de Geisha (donde no llegó a coincidir con Mikkey Dee) y justo después de King Diamond, con quien grabó “Them", “Conspiracy" y “The Eye". Historia fugaz donde las haya. Se forman en 1983, en un solo año editan hasta tres demos y firman un contrato con la entonces omnipresente Roadrunner Records que no nos deja más que un único álbum. “Metal Rush", como su propio título sugiere, es un álbum de heavy metal urgente, agresivo y un poco rudimentario. La producción es algo confusa y muestra más actitud que calidad verdadera, pero, oye, tiene sus momentitos. A mí me recuerda bastante a estas bandas de power metal americanas que ocultaban sus carencias a bases de pelotas, tipo Attila, Cities o Hexx, aunque también se gastan un aire con los primeros W.A.S.P.... o, mejor dicho, con su marca blanca, Krank. El tal “Charlie" (Soren Peter Jensen) vocifera con violencia y Martin Petersen y Carsten Schmidt aún sacan una buena melodía de tanto en cuanto. No es nada para volverse loco, pero puede gustar a los heavies menos refinados...
- Geisha (Copenhague, 1983)
Para mí, Geisha vendrían siendo como los London daneses. Esa banda de la que salen músicos que acaban siendo famosos, pero que no consigue llegar a ningún lado. Yenz Leonhardt, su líder, venía de los Brats que preludian a Mercyful Fate y después de Geisha ha pasado por Iron Savior, Savage Circus y actualmente Stormwarrior. Además de él, en aquellos años se pudo ver pasar por la banda en un momento u otro a Hal Patino, Mikkey Dee y Pete Blakk, a Floyd Konstantin (King Diamond, Destiny), a Magnus Rosén (HammerFall, Billionaires Boys Club, Jorn, Tony Martin...), a Tony Niemistö (en Europe como Tony Reno)... Por otro lado, son la encarnación de un estilo, el glam metal, de considerable impacto en EEUU, pero testimonial aquí en Europa, algo que seguramente tuvo cierto peso en su fracaso comercial. Para que os hagáis una idea, a nivel de imagen, iban en la línea de unos Twisted Sister, pero sonaban bastante más metálicos, con lo que nos acabamos encontrando con algo que se puede asociar tranquilamente con bandas como Lizzy Borden, Halloween o W.A.S.P., salvando las distancias, por supuesto. Quizás el gran problema de “Phantasmagoria", que es un álbum bien majete, fue su fecha de edición, 1987, y su sello, Heavy Metal Worldwide, del que estoy bastante seguro que no habréis oído hablar en la vida. Este tipo de bandas estaban debutando tres o cuatro años antes y, lógicamente, los que llegaban tarde a la fiesta, se encontraban el garito cerrado. Además, una “mierda” de banda danesa en un pequeño sello británico especializado en licencias de bandas extranjeras y con pocas ediciones propias no iba a llegar muy lejos y, como era de esperar, se desmanteló en cuanto sus miembros empezaron a recibir ofertas más interesantes. Dicho todo esto y sin que podáis esperar aquí una revelación, “Phantasmagoria" es un LP muy aprovechable de un estilo que tuvo pocos practicantes en nuestro continente.
- Alien Force (Copenhague, 1984)
Otros de Copenhague... Ya veis que prácticamente no hubo heavy metal de cierta entidad en Dinamarca más allá de las fronteras de su capital, sin ser Pretty Maids, claro está. Formados como Zeyking por los hermanos Rasmussen (que debe ser el Pérez danés) en 1982, tuvieron una movida con el envío de las copias de su primer single que acabó en la disolución de la banda y su transformación en estos Alien Force tremendamente influenciados por la NWOBHM. Siguiendo la estela de Evil o Witch Cross, su música era un cruce entre bandas británicas en plan Angel Witch, Demon o Cloven Hoof y los mismos Mercyful Fate. Algo más oscurillo y británico su debut, “Hell and High Water", y más accesible y ochentero el segundo, “Pain and Pleasure”. De todas formas, no dejéis que la espantosa portada de este último os lleve a engaño porque no es uno de estos casos en los que se tiraron sin pensarlo a la piscina hard. En realidad, no hay mucha diferencia musical entre el debut y “Pain and Pleasure", pero creo que este último se lleva mala prensa por la imagen que proyecta. Y lo cierto es que tampoco está nada mal. Sí, yo creo que metieron algún cambio a modo de sondeo de mercado, pero la decisión de autofinanciarse la edición es una buena metedura de pata. Lo vimos con Heavy Load, en los 80, sin apoyo de la industria, era imposible llegar a ningún lado. Alien Force era una banda bien armada, con buen sonido y un cantante con mucho carácter, Peter Svale Andersen, pero todo esto no era suficiente para triunfar y debutar en 1985 con un sonido algo trasnochado tampoco ayudaba.
- Crystal Knight (Copenhague, 1984)
Esta es otra de esas bandas que estuve años ignorando por culpa de una portada que parece un dibujo de un fan de “Dragones y Mazmorras” de 1° de la ESO (dudo que eso exista hoy en día)... ¿Realmente era tan difícil poner ahí una ilustración decente que acompañara bien a títulos como “War Attack", “Fire & Flame" y “The Desert"? La coña es que esto, otra vez, condiciona y resulta complicado tomárselos en serio, hasta el punto de no darles una oportunidad. Ponte ahora que te encuentras esto ojeando vinilos en una estantería en 1985... ¿Te lo comprarías sin haberlo escuchado antes? Lógicamente no, y mucho cuidado que los tipos molan bastante. Un poco como una evolución desde las cuestiones más épicas de la NWOBHM (Saracen, Quartz, Legend...), Crystal Knight consiguieron acercarse bastante al power metal más melódico que nos empezaba a llegar desde EEUU en aquellos años (Medieval Steel, Warlord, Omen, Attacker...) y terminaron con un LP de debut que sorprende al más escéptico. Suena bastante bien, los tipos se defienden con sus instrumentos y el vocalista, Per Henriksen, que luego cantaría en el estupendo “Scratch'n Sniff" de Fate, resulta de lo más convincente. Las canciones son muy entretenidas y el álbum fluye con facilidad. Ahora, lo de la portada es para hacérselo mirar y editar tu único LP con un minúsculo sello danés carente de toda vinculación con el heavy metal tampoco ayudó... seguro que eso tuvo algo que ver con que alguno le tuviera que robar un dibujo a su hijo para la portada. La historia terminó como era de esperar, en el cubo de la basura en su día y hoy, 40 años después, cotizando por las nubes en el mercado de segunda mano...
- Jackal (Copenhague, 1987)
Los caminos del metal son inescrutables y hasta aquí llegué siguiendo la pista de un tal Kenny Lübcke que cierto día puso su voz en el debut de Zoser Mez, proyecto paralelo de Hank Shermann y Michael Denner antes de la reunión de Mercyful Fate. De ahí, pegué el salto a Narita, banda de Lübcke, por la que antes había pasado Brian Rich, vocalista a su vez de estos Jackal que armó cierto día de 1987 junto a Benny Pettersson... otro que también formaba parte del entorno de Mercyful Fate. En algún momento miembro de Artillery, Pretty Maids y de los propios Mercyful Fate, esta historia con aspiraciones comerciales, extrañamente, llegó a atraer la atención de la todopoderosa EMI para su debut homónimo de 1990. Y no lo digo porque fueran malos, que no lo eran, sino porque no creo que tuvieran lo necesario para conseguir el apoyo de un gran sello en 1990 ya que suenan como una “banda más" de hard/heavy metal sin mucho que los distinga de la masa, más allá de su “exótica" procedencia. Y tampoco os creáis que no había nadie haciendo esto mismo en Dinamarca peque ya teníamos a unos Fate cubriendo un espectro muy similar y editando el claramente superior “Scratch‘n Sniff" ese mismo año. Para esta aventura, Benny alistó al competente Brian Rich a las voces quien, como os decía, cantó también en el debut de Narita, al bajista Claus Weiergang y al batería Per Fisker. Después de “Rise" y ya fuera de EMI, llegaron dos álbumes bastante más heavies, y seguramente más interesantes, e incluso otro más ya como Encore, pero los años 90 fueron implacables. Nunca consiguieron levantar el vuelo, aunque sorprende su continuidad durante buena parte de la década... demostración de que los tiempos en Europa no son los de EEUU. Todo material de calidad, pero quizás un poco genérico. Si buscas algo con más personalidad, tampoco es necesario que te pares demasiado con ellos.
Finlandia:
- Ironcross (Turku, 1976)
La fama como pioneros del heavy metal en Finlandia sin duda se la llevan Sarcofagus y Oz, pero probablemente los primeros realmente fueron estos Ironcross, al menos por su año de formación. Lo extraño es que nada se supo de ellos musicalmente hasta enero de 1982, cuando por fin sacaron su primer álbum, “Bloodhounds", un LP de un heavy metal tan honrado como pedestre. Digno y competente, no puedo destacar mucho de él. Imaginad la típica banda de tercera de la NWOBHM con un cantante del montón y más o menos os haréis una idea. No obstante, fue suficiente para pegar un pequeño salto hasta la finlandesa Kräk!, que ya había editado en su momento el debut de Oz y a los suecos Hiroshima para un segundo “Steel Warrior" más refinado en todos los sentidos. Un poco más melódico, con mejor sonido, suena también al típico segundo álbum de banda de medio pelo de 1984, quizás ahora más cercano a lo que se empezaba a hacer en Alemania al calor del éxito de Accept. Tampoco es para echar cohetes, pero, increíblemente, les sirvió para dar otro salto, de gigante esta vez, hasta la poderosa EMI para un “Too Hot to Rock” en el que, como portada y título sugieren, se convirtieron en una banda de hard rock con algún residuo heavy y auténticas aspiraciones comerciales. La cosa no alcanzó el nivel mínimo exigido por su nuevo sello y, como era esperable, les pegaron una patada que los mandó de vuelta al underground donde se mantuvieron hasta 1990 cuando, en una nueva maniobra comercial, se rebautizaron como Dillinger... Tampoco así funcionó la cosa y aquel mismo año se separaron. Todo esto es evidencia de que el mundo del heavy metal no sólo está lleno de bandas con talento que no tuvieron suerte, algunos sí tuvieron la oportunidad, aunque quizás no tenían lo necesario para llegar a lo más alto.
- Sarcofagus (Helsinki, 1977)
Sarcofagus son como los Heavy Load finlandeses, solo que aún más freakies, que ya es decir. Esa banda que aglutina a todas las demás, quizás porque es la primera en debutar, y les sirve de inspiración. Aquí el que corta el bacalao es un Kimo Kuusniemi que arrancó esta historia junto a su colega Juha Kiminki como respuesta finlandesa a los grandes del hard rock que llegaban desde EEUU y el Reino Unido a finales de los 70. La verdad es que es una banda rarita como ella sola y me cuesta un poco darle la consideración de heavy metal con todas las de la ley. En sus dos LP’s de 1980, “Cycle of Life" y “Envoy of Death”, escucho una amalgama aún por definir de hard setentero, rock progresivo, proto-doom, psicodelia e incipiente heavy metal, aunque mucho más anclado en el pasado que anticipando lo que estaba por llegar. Puedo entender el título honorífico de primera banda de heavy metal finlandesa que se les concede, más que nada por su carácter pionero y por un LP de debut, seguramente, grabado hacia finales de 1979, pero no puedo decir que sean precisamente lo mío, al menos en “Cycle of Life". Un poco más me interesa “Envoy of Death", definitivamente más pesado, oscuro y enfocado. No le faltan sus excentricidades, pero está mucho más cerca de lo que yo concibo como álbum de heavy metal. En 1981 se separaron y salió un tercer álbum en el 82 cantado en finlandés como Kimo Kuusniemi Band, aunque eran básicamente los mismos músicos. Desde entonces, Kimo Kuusniemi se ha dedicado básicamente a dirigir anuncios y videoclips para artistas de diverso pelaje y a componer bandas sonoras para cine, además de reunir esporádicamente alguno de sus proyectos.
- Oz (Nakkila, 1977)
Con estos ya hablamos palabras mayores... Para mí, Oz, son la banda de heavy metal finlandés por excelencia en los años 80. También con sus raíces en los 70, Oz sí que consiguieron hacer una transición plenamente desarrollada al heavy metal y publicar en 1983 “Fire in the Brain", una de las claves para entender el desarrollo del speed metal junto a mitos como “Heavy Metal Maniac", “Wiped Out” o incluso “Kill ‘Em All", con los que comparte espacio temporal. Y ni siquiera era su álbum de debut ya que un año antes habían publicado el válido “The Oz” en la pequeña discográfica finlandesa Kräk!. En 1982, Börge Forsberg, padre de Quorthon, se los llevó a Estocolmo para grabar su segundo álbum y editarlo con su propio sello, Wave, filial de Tyfon Gramofon (todo esto es previo a la creación de Black Mark Production para lanzar a Bathory). De hecho, esa mano que se ve sujetando un cráneo en la portada es la del mismísimo Quorthon. Musicalmente, en cambio, “Fire in the Brain" no tiene demasiado que ver con Bathory. Se trata de un heavy metal muy potente, preciso y vertiginoso, como os decía hace un momento, precursor del speed metal que estaba por llegar. Mucha cercanía, especialmente, a Raven (Ape De Martini se gasta más que un aire con John Gallagher) y algo menos con Exciter, Anvil, Abattoir, con el debut de Jaguar... Mucha tralla, mucha velocidad y un sonido realmente cojonudo para 1983. Lo cierto es que Oz apuntaban muy alto, pero se fueron desinflando progresivamente a partir de ese momento sacando álbumes válidos, pero cada vez menos interesantes. “III Warning” aguantaba bien el tipo sin cambiar casi nada de “Fire in the Brain", pero en el tercero, “...Decibel Storm...”, ya se notaba un paulatino declive que culminó en 1991 con un desenfocado “Roll the Dice" en el que sólo quedaban Ape De Martini (Tapani Hämäläinen) y el batería Mark Ruffneck (Pekka Mark) y se echaba mucho de menos el núcleo compositivo formado por Spooky Wolf (Jyrki Tapale), Speedy Fox (Jari Koski) y Jay C. Blades (Jukka Sakari Homi). Puede que fueran perdiendo fuelle conforme avanzaba la década, pero hacia el 83-84 creo que eran una de las bandas mas prometedoras del heavy metal europeo.
- Riff Raff (Kuusamo, 1979)
Otros que no ocultan sus influencias y con los que alguno por ahí pierde un poco la perspectiva. Comparar su “Robot Stud", como hace uno que leí yo por ahí, con los “Screaming for Vengeance" o “The Number of the Beast" de su año de edición es una insensatez y, en realidad, no pasan de ser unos Accept o unos Krokus de tercera división, lo que no significa que no haya que reconocerles su mérito. Arrancaron como la típica banda de hard rock muy influenciada por cierta banda australiana, que va mutando progresivamente hacia el heavy metal y termina incluso adoptando formas proto-power metal en algunas canciones. Es decir, básicamente lo mismo que fueron haciendo Accept y Krokus en aquellos primeros 80, aunque, huelga decir, sin su clase. El gran logro de Riff Raff está en su timing, que no es para tomárselo a coña. Debutan con un modesto “No Law ‘n Order" en enero de 1982, seguido del mucho más profesional “Robot Stud” a finales del mismo año para terminar la trilogía en 1983 con el metálico “Give the Dead Man Some Water", bien producido por T.T. Oksala, célebre años después por las grabaciones de bandas como Stratovarius, Prestige, The 69 Eyes, HIM, Lordi... Los disfruto realmente cuando se metían en terrenos puramente heavies, pero me ralla el típico tema rockero insulso que también era típico de los Accept pre-“Breaker" o de los álbumes de Krokus hasta “Headhunter". Por las razones que fuera, en 1984 se separaron y sólo se volvió a saber algo del bajista Timo Raatikainen por los thrashers Faff-Bey a finales de los 80.
- Tarot (Kuopio, 1985)
La mayoría asociaremos a Tarot con la figura de Marko Hietala y, por extensión, con los inefables Nightwish, pero antes de saltar al “estrellato" este hombre fue responsable de una más que respetable banda de heavy metal melódico formada en el centro de Finlandia en 1985. Un poco al modo de los germanos Stormwitch, a los que se me parecen bastante, Tarot tienen un encanto kitsch al que me cuesta resistirme. Soy consciente de que no dejan de tener un tufillo europower, pero consiguen mantenerse con elegancia dentro de mis límites de tolerancia al no caer de todo en esa festividad tan típica de las bandas alemanas y finlandesas que aparecerían de aquí en adelante. No, Tarot es una banda que sigo pudiendo escuchar sin sufrir problemas de glucosa en buena medida por la solidez del riffeo de Zachary Hietala (hermano mayor de Marco) y Marko Harponen. Marco Hietala tiene un registro poderoso muy próximo también al de Andy Aldrian de Stormwitch y las composiciones tienen un aura oscurilla, dentro de la melodía dominante, que los hace muy interesantes para el fan medio del heavy metal melódico europeo de los años 80. Si te gustan bandas como Stormwitch, Hellöise, Mad Max, Talon o incluso Warlock, me atrevo a decir que deberías pasar un buen rato con “Spell of Iron" y “Follow Me into Madness”. Sobre lo que hicieron a partir de 1993 ya no estoy en disposición de dar detalles, aunque, por los círculos en los que se mueven, no me espero mucho.
Noruega:
- Neon Night (Elverum, 1981)
A ver, vamos a situarnos. Me gusta encontrar una joya perdida en el tiempo como al que más. Disfruto desterrando tesoros cubiertos de polvo para luego compartirlos con el personal, pero creo que muchas veces perdemos un poco la perspectiva. Ese mismo hype que existe en torno a ciertas novedades, se genera a veces con una de estas bandas de perdedores y Neon Night no son la octava maravilla del heavy underground ochentero, como vais a leer a uno que así lo proclamó en cierta wiki metálica que todos conocéis de sobra. Estos Neon Night son una banda de heavy metal como cualquier otra, de esas que había a cientos en EEUU o en Alemania a mediados de los 80 y seguramente su único gran mérito fue el hacer heavy metal en Noruega, algo que entonces resultaba muy poco habitual. Una demo y un único álbum de competente heavy metal salieron en 1984 y 1987, respectivamente, bastante estándar para su época. A medio camino entre el sonido de las bandas de la NWOBHM de mediados de los 80 a las que se les había pasado el tren (Blind Fury, Savage o los Angel Witch de “Screamin’ n’ Bleedin’") y los primeros trabajos de sus vecinos suecos (220 Volt, Europe, Universe...), pero salvando las distancias con todos ellos. Y esto, en 1987, con lo que precisamente a la moda no estaban... No está mal, pero tampoco particularmente bien y, sobre todo, no es para ponerle un 92% en una reseña. Si no has escuchado hablar de ellos en tu vida es por un buen motivo, no son más que un nombre más en medio del marasmo heavy ochentero...
- Artch (Sarpsborg, 1982)
Me gusta cerrar el reportaje con Artch porque estos sí merecen un capítulo aparte. Con el permiso de TNT, que luego se fueron por otros derroteros, estamos hablando de la mejor banda de heavy metal noruega de los 80 y seguramente de toda su historia, pero les faltó algo de continuidad. Para empezar, les llevó nada menos que seis años, tres demos y un split llegar hasta la edición de su álbum de debut, aunque también es cierto que, cuando lo hicieron, pegaron un buen puñetazo sobre la mesa... del que no se enteró demasiada gente. Sí llegó al menos el rumor hasta un Brian Slagel que los reclutó para su Metal Blade, pero de nuevo se eternizaron un poco y les llevó otros tres años publicar un sucesor que no salió hasta 1991, y ya sabemos lo que pasaba en EEUU en esa época. El álbum, que además no recibió la acogida de su predecesor, no generó ningún revuelo y Artch se separaron aquel mismo año en medio de la debacle de principios de los 90. “Another Return" es un rara avis en el metal europeo de los 80 y, las cosas como son, un discazo, a la par con el mejor power metal que llegaba desde EEUU. Y es que ahí radica su carácter extraordinario, se trata de un LP que se bate codo con codo con aquellos “Master Control", “Digital Dictator" o “Thundersteel" en tiempo real y sin hincar la rodilla en ningún momento. Técnicamente dotado, excelentemente grabado y contundente como el que más, no me extraña que Slagel se fijara en ellos. Destaca particularmente un Erik Hawk (Eirikur Hakansson) que ya había hecho sus pinitos con los islandeses Drýsill y que se gasta un aire considerable con el Bruce Dickinson más agresivo y con Joe Comeau de Liege Lord... un cantante con carácter, sin duda alguna. El siguiente “For the Sake of Mankind" goza de peor prensa, aunque tampoco está nada mal. Me quedo sin lugar a dudas con el debut, no obstante, más carismático y melódico. Con Artch, tenedlo claro, nos encontramos ante una banda con potencial de primera fila que seguramente sufrió su aislamiento en la Noruega de los 80 y que, sin duda, gestionó mal sus tiempos.
Y ya no os sigo dando la chapa... Por la poca repercusión que han tenido los otros dos capítulos sobre el heavy metal nórdico, entiendo que la información ha sido demasiada o, esperemos que no, poco interesante. También he de asumir que lo que a mí me parece material de primera y me hace pasar horas de goce y disfrute, para los demás no será más que una lista interminable de perdedores que cayeron en el olvido por un buen motivo. Yo hace años ya que encuentro más satisfacción rastreando a estos “fracasados” que a aquellos que vendieron millones de copias. ¿Qué queréis que le haga? Sin más, aquí quedan mis divagaciones para aquellos que las encuentren provechosas. Los que no, simplemente, ignoradme y perded vuestro tiempo con otras historias...














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