Me apetecía a mí recuperar esta sección, aunque esta vez he cambiado un poco el enfoque. No es que en esta ocasión una banda que tenía renombre pegara un patinazo de consideración, que al final resultaba no ser tan malo. No, Keen Hue fueron siempre unos perdedores y su destino no podía ser otro. Se pusieron un nombre de mierda y la portada de su LP de debut, el más que digno “Ogre King", era una ridiculez. Lo lógico era esperar un fracaso inapelable, cosa que ocurrió. Lo que no esperaba yo era este curioso giro de acontecimientos para su segundo álbum, publicado ocho años después del primero y en el que se subían al carro hard mucho más tarde de la cuenta. Sin demasiadas esperanzas, el día que me decidí a darle una oportunidad, realmente quedé bastante impresionado con lo que me encontré.
La cuestión es que llevaba años cruzándome con esta portada, al menos, desde que cayó en mis manos algún CD de Black Mark Production con la típica hoja promocional en su interior. De tal manera, te podías encontrar ahí impresa esta curiosa imagen en medio de lanzamientos como “Nocturnal Silence”, “Rhymes of Lunacy”, “The Spectral Sorrows", “Saltrubbed Eyes", “Weave the Apocalypse" o “Goddless Beauty" que el sello de Börje Forsberg nos hacía llegar aquel mismo año. ¿Os tiene el más mínimo sentido? Y ya con el heavy metal clásicote del debut, encajaban poco, pero con esta “americanada" no sé muy bien qué hacen en medio de Necrophobic, Edge of Sanity, Seance, Agressor, Fleshcrawl o Invocator.
Sin embargo, ahí están, con un álbum que suena totalmente a hard rock americano del período 89-91 en medio de algunas de las bandas de death metal más comprometidas de Europa. Y no solo eso, recordad, el nombre de la banda (a saber qué significa) tampoco ayuda precisamente, el título del álbum, “Juicy Fruit Lucy", hasta sugiere cierto retraso y ya la portada, el acabose, con esa rubia pechugona vagamente cubierta por una gasa mojada. No sé, o estos eran unos cachondos mentales o no tenían ni puta idea de cómo presentarse ante el mercado. Bueno, y encima que esto en 1993 tampoco era precisamente algo en boga, con lo que, no hay género de duda, volvieron a desvanecerse solo un año después de su edición, supuestamente continuando después como Keen Hue Under Cover... no sé si haciendo versiones de sí mismos, lo que faltaba.
Con todo esto sobre el papel, “Juicy Fruit Lucy" pinta muy mal, pero acaba siendo un álbum de hard rock sorprendentemente bien hecho. Sin ninguna posibilidad comercial teniendo en cuenta todo su contexto, pero muy divertido, al fin y al cabo. Una vez superado el impacto de la desastrosamente elegida portada, lo primero que nos va a llamar la atención es la lograda producción conseguida por Ulf Wahlberg (Glory, Lake of Tears, Baltimoore, Talisman y cientos de bandas suecas que no conozco), con un sonido de guitarras crujiente y una batería que suena contundente sin llegar a parecer una traca de fuegos artificiales. Sin duda, había ya muchos medios de grabación a principios de los 90, pero no todo el mundo los gestionaba igual de bien y aquí, realmente, me gusta ese equilibrio que se logra entre el sonido digital y la calidez de una producción analógica.
Por partes, la interpretaciones son excelentes. Para empezar, Mats Frimodigs, que sustituyó en 1990 a Lars-Ake Nilsson para afrontar el cambio de estilo, es un vocalista más que “apañao”. Puede que peque un poquito de impersonal, ya que se le podría confundir perfectamente con cualquiera de aquellos que se puso en esa época al frente de Lynch Mob (Oni Logan, Robert Mason), Cold Sweat (Rory Cathey) o Heavens Edge (Mark Evans), pero no se ofrece decir en ningún momento que no sea un vocalista con garra y saber estar. Muy digno. La base rítmica de Kent Jansson y Peter Ericksson está totalmente en su sitio, el teclista Per Andersson aporta dimensión sin resultar nunca invasivo y Stefan Moren, único guitarrista superviviente de “Ogre King", está impecable en solistas y rítmicas. Sin hacer nada extraordinario, demuestra tener absolutamente dominado el manual de los XYZ, Trixter, Whitesnake, WildSide o Roxy Blue, que llevaban el hard rock a nuevos terrenos de potencia y profesionalidad. El mayor problema, mientras estos lo hacían en 1990, Keen Hue iban a remolque y no aparecieron con este sonido renovado hasta 1993, aunque su última demo era precisamente del 90 (“Fishing for a Contract"). Y, por la formación y las pintas de la portada, asumo que ya habían pegado el cambio de sonido entonces, pero su pesca de contrato tardó en dar sus frutos.
Aquí está realmente el único hándicap de “Juicy Fruit Lucy" a nivel musical. Mientras en EEUU esto se hacía en torno a 1989, los más aventajados, y hacia 1990-1991, el resto, Keen Hue presentaban en 1993 un sonido que llegaba tres años tarde, como mínimo, y en el sello menos apropiado del mundo. El repertorio es el esperable. Un par de trallazos metálicos para hacer un guiño al público heavy (“My Favourite Waste of Time" e “Into the Night"), un medio tiempo para hacer las delicias de los más sensibles (“Coming Home") y mucho hard rock de potentes guitarras y estribillos pegadizos... Unas veces más cañero y otras más sentido, todo ya muy visto en 1993, pero interpretado a la perfección y tocado con toda la convicción de que le va a gustar al público, solo que, la mayoría de ese público, ya no escuchaba este estilo en 1993.
Queda claro, entonces... ¿A qué sí? Si lo que buscas es algo remotamente personal, “Juicy Fruit Lucy" está en las antípodas de ser la respuesta. En cambio, si te apetece seguir escuchando buen hard americano de principios de los 90, como el que hacían entonces Triumph (me recuerda bastante a su "Edge of Excess" del 92), Cold Sweat, Roxy Blue, WildSide, Trixter, Lynch Mob, The Scream..., obvia su año de edición y todas las trabas que nos pusieron para llegar hast él y dale una oportunidad porque no está nada, nada, mal.

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