¿Qué hace a un álbum tener éxito o no en la actualidad? ¿Qué lleva entonces a algunas bandas a convertirse en la nueva sensación underground mientras hay otras que, teniendo los mismos argumentos, o más incluso, pasan totalmente desapercibidas? No tengo precisamente la impresión de que Phantom Spell fueran una sensación el año pasado cuando salió este "Heather and Hearth”, aunque sí se habló de ellos lo suficiente como para que yo llegara a saber de su existencia. Lo que no sé muy bien es por qué no le presté yo la atención debida durante un verano, el de 2025, que estuvo marcado por el “V: Lament" de Wytch Hazel, para el que “Heather & Hearth" habría supuesto un complemento más que apropiado. Algo que ya sugiere ese split que editaron juntas ambas bandas en 2024. Sin embargo, ha sido este uno de esta asuntos que he dejado “para más adelante" y no ha sido hasta esta primavera cuando me he puesto con ello seriamente. Y me arrepiento de no haberlo hecho antes porque estamos hablando de un fantástico LP que, de haber escuchado en su momento, habría tenido amplias posibilidades de hacerse un hueco en mí lista de favoritos para el año pasado.
Hasta no hace mucho, todo lo que oliera a años 70 me producía bastante indiferencia, más allá de la inevitable tríada formada por Judas Priest, Black Sabbath y Rainbow. Sin embargo, esto ha ido cambiando en estos últimos tiempos gracias a bandas como los propios Wytch Hazel, The Oath o Black Trip, que encontraban en el hard rock de los 70 una inagotable fuente de inspiración que combinar con el empuje de la NWOBHM. Hard de los 70 con energía heavy ochentera, proto-metal que se le llama hoy en día, algo que por fin me podía llevar a los oídos sin morirme del aburrimiento. Ya os podéis imaginar que Phantom Spell van a adentrarse en terrenos similares, si bien lo suyo ya no es tanto el típico hard rock de los grandes pioneros del heavy, sino un llamativo rock progresivo contagiado por el empuje del primer heavy metal de pleno derecho que irrumpía con fuerza en la Gran Bretaña de principios de los 80.
Nunca he sentido yo particular interés en el rock progresivo y nombres como Yes, Camel, Pink Floyd, King Crimson o Kansas no me preocupan más allá de la posible influencia que hayan podido ejercer sobre algunas de mis bandas de heavy metal metal favoritas, así que estaba bastante convencido de que Phantom Spell no eran para mí y seguramente por eso he tardado tantos meses en ponerme en serio con ellos. De entrada, vais a tener que perdonar mi ignorancia porque mis conocimientos del rock progresivo de los 70 no van mucho más allá de lo que acabo de hacer, citar los nombres de sus representantes más célebres, pero está claro que este muchacho, Kyle McNeill, británico afincado en La Manga del Mar Menor, va mucho más lejos que yo y ha hecho de su amor por el rock progresivo el verdadero sentido de estos Phantom Spell.
Lo que más me llama la atención, no obstante, más allá de lo bien que está el LP, que lo está, es que nos encontremos una one man band y no con una en la que todo el despliegue instrumental sea particularmente modesto. Kyle lo hace todo: teclados, guitarras, bajo, batería, acústicas, solistas, voces y encima lo graba en su propio estudio... ¿De dónde ha salido este chaval y qué hace en Murcia? Y no sólo toca, sino que lo hace de maravilla. Resulta una auténtica delicia escuchar como se retan una y otra vez teclados y guitarras y cómo se complementa todo con la agradable voz de Kyle, potente, nítida, de pronunciación exquisita y dicción académica.
También me resulta bastante llamativa la estructura del álbum con dos canciones largas, de 11 minutos, flanqueando otras tres mucho más cortitas, pero cada una de su padre y de su madre. Me agrada, eso sí, enfrentarme a un álbum de 37 minutos, más el bonus, que deja con hambre de más, sin caer en los excesos de metraje habituales en la escena prog contemporánea, pero claro, no era así en los 70, la era del vinilo, y Kyle es hacia donde mira, con lo que tiene lógica que así sea.
“The Autumn Citadel" bien podría servir de resumen para todo lo demás. Una breve y trabajada introducción nos lleva a una composición armónica, musical y elaborada que supera ampliamente los diez minutos pero nunca llega a cansar ni hacerse pesada. Kyle frena, acelera, susurra, recita y demuestra todo su repertorio musical mientras proclama a los cuatro vientos su amor por los grandes del prog y el folk rock de los 70. Insisto, no es mi terreno, pero se me vienen a la cabeza los nombres de Camel, Yes, Kansas, Jethro Tull o Uriah Heep, por un lado, y Iron Maiden (que son una influencia más que evidente en su otra banda, Seven Sisters), Angel Witch o incluso aquellos primeros Manilla Road en los que la influencia progresiva era tan intensa, por el otro. Todo hilvanado de manera que casi ni nos damos cuenta y sin importar si te gusta el heavy, el folk, el space rock o la copla rociera. Kyle parece que lo hace todo de forma natural y la mezcla resulta verdaderamente irresistible.
Por el medio, como decía, la breve y folkie “Siren Song", con mucho de Jethro Tull, digo yo, una heavy “Evil Hand”, en la que se acerca más a la NWOBHM y también es mi favorita, y una “A Distant Shore" acústica, intimista, nostálgica y virtuosa... ¡Cómo toca todo este muchacho de bien! Por su duración más estándar podríamos pensar que les falta profundidad, pero nada más lejos de la realidad, a Kyle McNeill le da tiempo para hacer muchas cosas en ellas y desarrollarlas a la perfección. Momentos de épica intercalados con nostalgia folk. Algo de heavy metal por aquí y por allá, aunque quizás sea lo de menos, y mucha devoción por el prog de los 70, que ya se desata en una “Heather & Hearth" realmente fastuosa. Otros once minutos para poner de relieve todas las claves de Phantom Spell. Una producción natural, nítida y cuidada al detalle por el propio Kyle. Su dulce recitar de trovador británico. Su esmeradísima instrumentación que parece obra de la más curtida banda de veteranos y un sentimiento desbordante en todas y cada una de las cosas que hace. Puede que le falta la pegada de “The Autumn Citadel", aunque seguramente es la mas emotiva de todas con un final sencillamente precioso. Para cerrar, una “Old Pendle” que se erige como un tributo final a la música tradicional de su país, todo muy británico, como veis, aunque no deja de ser paradójico viniendo de un tipo que, como os dije antes, vive hace algún tiempo en Murcia... habrá venido por el solete.
En fin, otro más que no estaba en mis quinielas y me ha conquistado... síntoma claro de que me estoy moviendo lentamente desde mi zona de confort, aunque todavía estoy muy lejos de ser un devorador de toda esta ola de retro rock setentero. A priori, no diría que alguien que no tiene particular interés en el rock progresivo pudiera enganchar con Phantom Spell, pero yo soy el ejemplo de que sí es posible. Como dije en el caso de Messa, cuando un álbum gusta más allá de sus fronteras, es señal de que es muy bueno y “Heather & Hearth" lo es, de eso no me cabe duda... Muy recomendable, aunque haya pasado casi un año desde que se editó, pero ya sabéis que mis tiempos son libres y me los voy marcando yo cuando le llega el momento a cada cosa y esta ha sido la hora de Phantom Spell...
8/10

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