A poco que lleves un tiempo en esto sabes que, cuando una banda saca un álbum como “Fatale" en un pequeño sello, pero muy respetable por la calidad media de sus ediciones, como Ván Records, el próximo paso es dar el salto a una Metal Blade Records, una Nuclear Blast, una Century Media o, Dios no lo quiera, una Napalm Records... aunque ahí veo más a viejas glorias en decadencia que a buenas bandas emergentes como esta. No siempre funcionan así la cosas pero, en el caso de The Night Eternal, salió “Fatale” y en pocos meses anunciaban su fichaje con el sello de Brian Slagel, seguramente el de menor proyección comercial, pero el más íntegro de todos ellos, a mi parecer. Así que, por el lado del nuevo sello, podemos estar tranquilos porque no hay mejor lugar para una banda de heavy metal con aspiraciones como estos The Night Eternal que Metal Blade. Ahora, lo que toca es analizar si The Night Eternal han conseguido dar ese paso trascendental que suele suponer el tercer álbum en la dirección adecuada o se han equivocado con el camino a tomar.
Tres han sido los singles que se han lanzado antes de la salida de “Cold Velvet" (otro más desde entonces, se nota que hay apoyo del sello) y las sensaciones ya fueron buenas. El tema de apertura, y primer single, “Where this World Ends", era lo esperable de entrada. Un tema conservador, que salía a empatar desde un primer momento. Composición muy contunuista con lo que les habíamos escuchado hasta la fecha y que parecía deparar pocas sorpresas. No puedo decir que no me gustara, porque me gusta el estilo de la banda, pero me decepcionó un poquito, esperaba algo más de atrevimiento, que arriesgaran un poco ahora que llega la hora de la verdad y, de esa manera, ayudarnos a separar el grano de la paja.
Así, cayeron “Caught in a Spell" y “The Veins of Time" y recibí justamente lo que yo, a título personal, me imaginaba. ¡Sí señor! Ambos temas suenan coherentes con lo que conocemos de The Night Eternal, pero los dos sacuden la cóctelera con ciertos elementos que me permiten albergar la esperanza de un crecimiento para ellos. Esa posibilidad idílica en la que ves como una banda que te gusta va dando los pasos necesarios para ser cada vez mejores, ampliando horizontes, introduciendo nuevas influencias, sonando cada vez más accesibles, sin traicionar su esencia, sin alienar a aquellos que les han llevado hasta la cómoda posición en la que se encuentran en la actualidad.
Ya comenté por encima “Caught in a Spell" cuando publiqué la noticia correspondiente. Se trata de un corte algo más melancólico de lo que nos tienen acostumbrados. Con un oído ligeramente comercial y, sin duda alguna, menos potencia de fuego, sigue teniendo el mismo gancho de siempre, pero suena más madura. Además de profundizar en su estilo, ese heavy metal melódico con fuertes raíces góticas, agradezco la sureña introducción de slide, su ritmo cadencioso y el innegable gusto melódico de sus guitarras. A Ricardo Baum lo noto algo menos afectado y más metido en la canción, menos exagerado y, en general, más empastado con estas composiciones. La canción evoluciona bien y se resuelve de maravilla. Muy buen single y con mucha pegada... y, además, el videoclip no está nada mal.
El tercer single, “The Veins of Time", más animadito, pero igualmente accesible, tiene un aire gotiquillo muy contagioso. El estribillo es difícil de olvidar y las melodías de guitarra de un inspiradísimo Rob Richter siempre acertadas. Me encanta esa combinación entre arpegios góticos y melodías heavies y unas líneas vocales susurradas de un Ricardo Baum más versátil que nunca. A estas tres han añadido un cuarto single (ya os digo que están yendo a por todas), “Eurydice (Don’t Look Back)”, a medio camino entre Iron Maiden y Fields of the Nephilim, con Glenn Danzig cantando, que básicamente resume en pocas palabras la fórmula de la banda... aunque no es tan sencilla la historia. Otro temazo de irresistibles melodías e inolvidable estribillo. Cuatro singles y cuatro temazos... o los han elegido muy bien o la cosa va para nota. Vamos a ver cuál es la respuesta...
“When the Last Candle Dies” es una canción más típica de The Night Eternal que tranquilamente podría haber aparecido en “Fatale". Quizás algo menos llamativa, ahora podemos detenernos con calma a apreciar las diferencias técnicas respecto a sus dos trabajos anteriores. Mientras en “Fatale" la producción de Marko Brinkmann claramente apostaba por un sonido contundente y con más punch, en “Cold Velvet", Michael Zech (Secrets of the Moon, The Ruins of Beverast, Ascension, Stormkeep...) ha tirado claramente por una vía más atmosférica y con más profundidad. La batería suena bastante más natural, sin tanto protagonismo, y el trabajo de guitarras, también más etéreo y detallista, se lleva casi toda nuestra atención junto a unas voces bastante más cuidadas. En todos los aspectos se ve la intención de una banda que quiere crecer, que busca ir a más, que ha cuidado hasta el último detalle y ha hecho una apuesta decidida para convertirse en una nueva potencia dentro del heavy metal... ahora falta que lleguen los resultados, cosa que no siempre ocurre, ya lo sabemos. Ellos han hecho su parte...
“The Watcher of the Burning Veil" es un tema algo más heavy, de ritmo persistente, en el que, de nuevo, no se han conformado con un riff resultón para salir del paso. Melodías dobladas, cambios de ritmo constantes, otro buen estribillo y una sección central a coro que parece hecha para el directo. Una sutil referencia a los Iron Maiden de “Somewhere in Time" veo en esta con sus guiños velados a “Heaven Can Wait". “Shapes of Sorrow" también podría haber estado en “Fatale" aunque, de nuevo, demuestra mucho cuidado a la hora de labrar las melodías de su estribillo y los arreglos de guitarra, mientras que “Dance on Crimson Ground" es el estudiado corte épico de clausura, con mucha influencia de los Fields of the Nephilim más progresivos de “Elizium", que llega para dejar sensación de plenitud. De álbum trabajado en el que poco se ha dejado al azar. Con una estructura muy clásica, una duración canónica, mucho respeto por las tradiciones, pero con determinada amplitud de miras. The Night Eternal han sabido verlo. Se han subido al carro del hype, un sello gordo les ha dado la oportunidad y ellos le han dado una respuesta en consecuencia. La recepción del público es impredecible, pero ellos están poniendo todo lo necesario para que salga bien.
No estoy todavía en disposición, tras ocho meses de 2026, de valorar este año en perspectiv, ya que aún debería quedar algo interesante por salir... quiero creer. Pero una cosa sí que tengo clara a estas alturas, The Night Eternal han dado un claro paso adelante y se han descolgado, llegados al último tercio de este año, con uno de los mejores álbumes que he escuchado en estos últimos meses. Lo dicho, aún quedarán cosas por ver la luz, pero “Cold Velvet” es, desde ya, un firme candidato a disco del año y, de nuevo, en las filas de Metal Blade, como ocurrió con Messa el año pasado. No creo que lo pudieran haber hecho mucho mejor...
8,5/10

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