jueves, 5 de noviembre de 2026

Saraya - Saraya (1989 Polydor)

1. Love Has Taken its Toll (5:21)
2. Healing Touch (4:43)
3. Get U ready (3:10)
4. Gypsy Child (4:38)
5. One Night Away (4:40)
6. Alsace Lorraine (0:50)
7. Runnin' Out of Time (4:14)
8. Back to the Bullet (3:50)
9. Fire to Burn (4:28)
10. Saint Christopher's Medal (4:21)
11. Drop the Bomb (5:54)

Esto del “female fronted metal" es algo un poco jodido de analizar. Tampoco es que vaya yo a hacer aquí un alegato feminista, ni todo lo contrario, pero siempre me ha parecido bastante lamentable que valorasemos los méritos musicales de una mujer en términos estrictamente físicos, para bien o para mal. Y eso es un hecho. Nos tragamos mucha mierda porque las integrantes de tal o cual banda están buenas (¿Burning Witches?) y, a la inversa, hay muchos que restan valor a ciertas formaciones femeninas por carecer de atractivo físico. Es el mundo superficial en el que vivimos, en que la imagen lo vale todo… y no os creáis que me han dejado de llover hostias de vez en cuando por expresar mi opinión, cuando me parece la más razonable, jajaja... No te jode, es la mía. 

La cuestión es que, durante estas más de cinco décadas de hard rock y heavy metal (y en cualquier estilo, en realidad), hemos visto a la industria utilizando la apariencia de la mujeres como gancho para una panda de salidos que, seamos honestos, tampoco se suelen caracterizar por su sex appeal. El mundo del heavy metal siempre ha sido un campo de nabos y una tía buena llama más la atención que un comunista en un mitin de Trump, por lo que las grandes compañías nunca han tenido ningún reparo en despelotar a muchachas de buen ver para atraer pajilleros de dientes afilados. Así ha sido desde que el despiadado Kim Fowley fundó a The Runaways en 1975, hasta esas muchachas que se graban casi en cueros tocando la guitarra o la batería en su casa para luego colgar los vídeos en YouTube y provocar las erecciones de pajilleros de medio mundo. Pueden estar tocando como un niño de 6 años, pero como enseñen media teta, se garantizan cientos de miles de visitas de maduritos desesperados por atisbar un poco de chicha…

Esta cuestión ha encendido acalorados debates de los que he sido involuntario protagonista en la red. Desde los que defienden que es un recurso como cualquier otro y que los tíos también lo explotan (postura a la que no le falta cierta razón), hasta los que no comprendemos porque el valor de una artista se debe medir en función de lo buena que esté. Y, sí, respecto al primer argumento, no cuestiono que gente como Bon Jovi, Winger, Skid Row o Poison explotaron el físico de sus frontmen para disparar su éxito, pero acaso es menos cierto que los heavies hemos encumbrado a cientos de tíos más feos que pifio y que incluso alguno de ellos se ha convertido en ídolo de masas y azote de jovencitas… Puto Gene Simmons, lo feo que es y todo lo que habrá follado…

Con estas, me enfrento a Saraya, una banda de hard rock de New Jersey (igual que Bon Jovi, Twisted Sister, Skid Row, Danger Danger, White Sister...) que, a pesar de tener una vocalista bastante mona, Sandi Saraya, tampoco se empeñó en sacarle partido descaradamente y buscó poner la música por delante de la imagen… y quizás por eso tampoco tuvieron mucho éxito. En 1987, Sandi se unió al teclista Gregg Munier para probar suerte en L.A., pero pronto se volvieron a New Jersey con el rabo entre las piernas y con la esperanza de relanzar su banda desde casa. La película empezó a tomar forma con la llegada del bajista Gary Taylor, el batería Chuck Bonfante y, de forma más notable, del guitarrista Tony “Bruno" Rey, que entonces militaba en Danger Danger, pero no fue hasta la aparición del compositor Sandy Linzer (que colabora aquí en ocho de los once cortes) cuando entró en escena Polydor para editar su álbum de debut. 

Saraya fue el nombre escogido tanto para la banda como para el LP, tras un tiempo funcionando como Alsace Lorraine… que no desnudasen a su vocalista tampoco iba a significar que no le sacasen algo de rendimiento a su persona. A priori, parece que nos encontramos ante la típica banda hard/AOR de la época, pero lo primero que llamará la atención es el enfoque de la producción, mucho más pesada y orgánica de lo habitual en la era glam. Seguro que Polydor tuvo una influencia determinante en la elección de Jeff Glixman como productor, quien venía de pegar un buen pelotazo junto a Yngwie Malmsteen en “Odyssey”. “Saraya" suena contundente, las guitarras tienen cuerpo y la batería pega duro, pero al mismo tiempo tiene una sensibilidad enorme para la melodía y mucho oído comercial. Por eso me parece ideal para todos los que nos gusta la accesibilidad hard con un sonido metálico. Cuestión esta aún más explotada con la tremenda producción de Peter Collins en su segundo “When the Blackbirds Sings" que, por otra parte, perdía bastante gancho en las composiciones por el camino.

Otro detalle poco habitual es el de unos teclados que también se apartan del rollo glam ochentero para apostar por un sonido más clásico a lo años 70, algo que provoca una curiosa combinación con las guitarras de Tony “Bruno" y la rasgada voz de Sandi. Muy a lo Rainbow, para que nos entendamos. Todo esto juega a favor de unas composiciones llenas de fuerza, sin la pompa tan típica entre sus colegas de escena, como la contagiosa “Love Has Taken its Toll”, la emotiva “Healing Touch", con una melodía clavadita al “Only Lonely" de sus vecinos Bon Jovi, o esa “Get U Ready” en la que empiezan a enseñar tímidamente los dientes. Canciones pegadizas, radiables, pero con ovarios de acero, a medio camino entre el AOR y el heavy metal, con un pie bien plantado en el hard de finales de los 80 y algún que otro guiño setentero.

En realidad, casi todas se nos van a quedar grabadas por uno u otro motivo y resulta bastante complicado encadenar con tanta facilidad temas que, con total tranquilidad, podrían haber salido como singles. “Saraya" tuvo un éxito moderado, no me cabe la menor duda, pero con el potencial que escucho yo aquí, al menos, en los nueve primeros cortes, poco me parece. ¿Y por qué digo nueve? Pues porque la cagan un pelín justo al final con dos pistas que me pegan un bajón nada bienvenido para cerrar el álbum. “St. Christopher's Medal" es un tema muy tranquilito y tampoco está mal, pero, seguida de una “Drop the Bomb" que es un auténtico coñazo, dejan un sabor de boca final algo agridulce. Un disco tiene que acabar dejándote ganas de volver a pincharlo y estas dos no lo consiguen. Más bien todo lo contrario, se me hacen una forma bastante anodina de terminar un trabajo que, hasta entonces, me sonaba realmente impecable.

En definitiva, si te gusta el hard rock de finales de los 80, pero echas de menos un poco de sustancia en algunos de sus contemporáneos, Saraya no eran para nada una banda para tomarse a la ligera. Fueron capaces de editar dos notables trabajos de un hard rock con fundamento que transita con comodidad entre el AOR y el heavy metal. ¿Merecieron mucha más suerte? Seguramente sí porque tenían calidad de sobra para llegar lejos, pero al final se quedaron en algo bastante discreto perdido en medio de la explosión glam de la segunda mitad de los 80. Igual si se hubiesen vendido un poco más, les habría ido mejor, pero tengo la sensación de que estos eran músicos de verdad y se tomaban bastante en serio a sí mismos y, por eso, también, se merecen mi respeto.

8/10

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